Gold Lake: melodías entre Brooklyn y Madrid

Gold Lake. Foto: Patricia Martín

Cuando nos ofrecieron entrevistar a Lúa y Carlos, 2/3 del alma de Gold Lake, no lo dudamos. Y si además el encuentro era en un conocido bar de Malasaña llamado Madklyn, el tema nos inspiraba todavía más. Queríamos que nos contaran cómo es su vida en Brooklyn, la ciudad donde viven; de dónde surge su inspiración y qué se siente abriendo un concierto para el mismísimo Paul Weller.

Pero antes de empezar te contamos algo muy curioso que descubrimos al llegar. Lúa y Carlos son dos de los dueños de Madklyn, nombre que nace de la combinación de dos ciudades: Madrid y Brooklyn. Sin duda, una poética composición.

Vivís en Brooklyn, ¿sentís esa ciudad como vuestro hogar?

Carlos: Es una mezcla, de hecho el nombre del bar es para mostrar que son dos ciudades muy nuestras. Aquí tenemos a la familia, la gente que queremos y el rollo español que mola un montón. Pero cuando hay que inspirarse y encerrarse, Brooklyn. Es una combinación.

Lúa: Sí, yo me quedaría con las dos. Pero si decimos hogar con todo su significado, me quedaría con Madrid, claro.

Carlos: Pero Brooklyn es que es nuestra segunda casa, es difícil decirlo pero es así.

¿Hasta qué punto os influye EE.UU. en vuestra vida y en vuestra música?

Carlos: Nos influye mucho, muchísimo. Yo soy dj pero ya desde pequeño toda la música que escuchaba era americana, todo lo que venía de la zona este como Blondie, Ramones, New York Dolls y también la zona oeste, la californiana, la psicodelia, The Doors… Pero claro, una vez que nos fuimos a vivir allí, nos influyó mucho.

Lúa: Es que Nueva York es una ciudad que inspira mucho. Ya solo con sentarte en un banco y ver a la gente pasar es flipante. ¡Ese es mi pasatiempo favorito!

¿De dónde surgió la idea de ir a vivir allí?

Lúa: Pues estábamos tocando en Canadá y a la vuelta paramos en Nueva York a dar dos o tres conciertos. Y me acuerdo que fuimos a tocar a un sitio que era una pasada, se veía todo Manhatan al otro lado del río, era verano y estaba todo precioso. Nos encantó también el barrio porque era de gente joven con un aire malasañero. Nos gustó tanto que decidimos quedarnos.

Carlos: La imagen del río con todos los rascacielos reflejándose en el agua y ese sol fue increíble.

¿Qué es lo que más os ha sorprendido de la música en EE.UU.? ¿Era cómo os la esperabais?

Carlos: Lo que más me ha sorprendido es la actitud de los grupos respecto a sus conciertos. Por ejemplo, aquí en España los grupos tenemos la costumbre de hacer pruebas de sonido muy largas, tener todo supercontrolado. Llegas a Nueva York y nadie prueba sonido, todo el mundo se enchufa y toca… Son muy batalleros. Es una cura de humildad.

Lúa: Es verdad que de cara a la gente, en los americanos salir a tomarse una copa es ir a un concierto. Es parte de su vida nocturna. Allí hemos vivido inviernos espantosos, piensas que con una tormenta de nieve no va a haber nadie por ahí. Luego vas a un bar a ver a un grupo y está petado. A la gente le encanta los conciertos, lo llevan en la sangre.

¿Habéis aprendido algo de ellos a nivel musical?

Carlos: A nivel musical, sí. Yo creo que la individualidad y la originalidad. Creo que allí es muy difícil que un grupo se copie. No digo que aquí se haga pero allí ves cosas muy raras, como un tío tocando en un local 20 pedales haciendo ruidos y al terminar, se levanta orgulloso por su obra artística y la gente aplaude.

Lúa: Y es que para ellos la música es arte, es una cosa para tratarla con respecto como arte que es. La gente escucha tu propuesta y mientras, está atenta. Eso facilita la experimentación de donde luego pueden salir muy buenos temas.

Carlos: Por ejemplo, yo soy dj y aquí estás acostumbrado a pinchar hits. Si allí en Brooklyn pinchara igual que aquí, seguramente el dueño de la sala me miraría raro y pensaría: “¿Otra comercial?”. Es inspirador, eso es algo que nos ha abierto el coco.

Y ahora, decidme, ¿un lugar dónde os gustaría tocar en Nueva York?

Carlos: Hombre… lo tenemos claro, en el Radio City Music Hall.

Lúa: ¡Es que es una pasada! Ya no solo por lo que significa si no por lo impresionante que es.

Gold Lake. Foto: Patricia Martín

¿Cómo trabajáis en vuestra música? Contadnos cómo componéis.

Carlos: Pues nos lo curramos todos los días. Creo que ahí está la clave, en ponerse día a día. Tenemos un pequeño estudio casero y hacemos cosas. Unas las guardamos, las recuperamos para darles una vuelta… y otras, las borramos.

¿Cómo definiríais vuestra música?

Carlos: Por lo que nos ha dicho la gente, creo que es etérea, dreammy.

Lúa: Creo que es difícil, no podemos definirnos exactamente igual que otras personas porque no lo vemos igual. Pero a nosotros nos gusta mucho cuando estamos componiendo, pensar en paisajes. Es una idea cinematográfica, pensamos en horizontes. Nos gusta jugar un poco con las voces que entran y salen, con las guitarras… Así que yo creo que diría que nuestra música es cinematográfica.

¿Hay algún grupo con el que os guste que os comparen o preferís huir de las comparaciones?

Carlos: ¡Depende de con quién, claro! Hay grupos que nos gustan entonces inevitablemente pues tenemos esas influencias. Aunque intentamos que no nos salga nada demasiado parecido a alguien, siempre puede haber algún coro o alguna guitarra que se parezca. Y cuando te dicen que suenas a algo que te gusta pues piensas que es guay. Hay comparaciones que molan. Por ejemplo, alguna vez me han dicho que sonamos a Fleetwood Mac pero más progresivo y pensamos: “Jolín cómo mola, lo mejor de cada cosa.”

Lúa: Luego te comparan muchas veces con gente que sí, te gusta, pero que no has escuchado lo suficiente como para que te influya tanto, pero como te mola piensas que es genial.

El pasado mes de julio abristeis el concierto de Paul Weller en Madrid, ¿cómo fue esa experiencia?

(Los dos se miran y sonríen recordando ese momento.)

Carlos: La verdad es que fue impresionante. Nos dijeron que teníamos que tocar en formato dúo, nosotros dos solos en La Riviera. Y eso impone. Y cuando llegamos, vimos a Paul Weller probando sonido. Entonces nos ponemos a probar el nuestro. Llegó y se quedó mirándonos y mirándolo todo. No nos quitó ojo. Luego se nos acercó y nos dijo que le gustaba mucho nuestra música, que le gustaba la voz de Lúa mogollón.

Lúa: El guitarrista también se acercó y dijo que Carlos tenía un sonido increíble.

Carlos: El guitarrista, Steve Cradoc, que encima soy superan del guitarrista. Así que estaba flipando.

Y confesad, cuando os dicen que tenéis que tocar por segunda vez en el Dcode 2015, ¿qué se os pasa por la cabeza en ese momento?

Carlos: ¡Eso moló! Fue como, ¡vamos para allá! Hicimos doblete, sin prueba de sonido, sin técnico de sonido ni nada. Llegamos allí y a tocar. Pero vamos, ¡hubiéramos tocado tres veces!

Lúa: Fue gracioso. Vinieron y me dijeron “¡No te quites el vestido!” Y yo: “¿¿Cómo??”. Fue divertidísimo.

¿Tenéis canciones grabadas de las que no hayáis borrado para un futuro disco?

Lúa: Sí, de hecho estamos trabajando ya en un segundo disco.

Entonces, ¿es ese vuestro plan de futuro más próximo?

Lúa: Sí, terminar la composición del disco, pensar dónde lo grabamos y ya puede ser que lo tengamos para mediados del año que viene, pero sin prisa.

Después de esta amena charla, ¡ya tenemos curiosidad por conocer esas canciones!

Y para terminar, Gold Lake nos contesta a las 5 preguntas más rápidas con una sola respuesta posible: títulos de canciones de su álbum Years. ¿Cuál es la canción perfecta para cada momento?:

•Una canción para un domingo por la mañana: We Already Exist

•Una canción para ponerse romántico: Lovers

•Una canción para el coche: Home

•Una canción para un recuerdo: Light Into The West

•Una canción que defina Years: Lovers

Gold Lake. Foto: Patricia Martín

*Fotografías: Patricia Martín

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